Recopilado por: Jeannete Brouss "Seguiré en este arte hasta que el cuerpo aguante," decía el productor Alfredo Ripstein, y lo cumplió. Dejó un legado de más de seis décadas dedicadas al cine mexicano hasta que falleció, a los 90 años, el pasado 20 de enero del 2007.
"El realizador vio crecer y desarrollarse a decenas de cineastas mexicanos, desde los años cuarenta a la fecha. Su última pro ducción registrada fue El crimen del padre Amaro, dirigida por Carlos Carrera, la cual obtuvo un Ariel, además de batir récord de asistencia y representar a México en la 75 edición de entrega de los Oscares, ganando el galardón en la categoría de mejor película extranjera.
"Sin productor no hay película", solía decir.
Alfredo Ripstein, hijo de un comerciante de origen polaco, nació en Parral, Chihuahua el 10 de diciembre de 1906 y llegó a la ciudad de México a la edad de cinco años.
A pesar de su poca vocación por el estudio (confesión propia), terminó la carrera de contador público y a finales de los años treinta comenzó a trabajar en la Financiera Industrial Cinematográfica de Simón Wishnack. Ocho años, y casi 50 filmes después, decidió independizarse y fundar su propia compañía, Alameda Films S. A., para la que trabajaron estrellas como Pedro Infante, Marga López, Joaquín Pardavé y Arturo de Córdova y directores como Alejandro Galindo, Alfredo B. Crevenna, Chano Urueta, Fernando Méndez, Miguel M. Delgado, Rogelio A. González, Luis Alcoriza, Sergio Vejar, Alberto Gout y, más adelante, Alberto Isaac, Jorge Fons, Carlos Carrera y Arturo Ripstein (su hijo).
Trabajó también con realizadores como Julio Bracho, Rafael Baledón, Roberto Gavaldón, Julián Soler, Tito Davison, entre muchos otros. Ripstein tiene registradas en la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas más de cien películas.
Él se caracterizó por producir cintas cuyos textos fueran creación de reconocidos dramaturgos o escritores: El crimen del padre Amaro es una adaptación de la obra de Eça de Queirós; además, invirtió en producciones basadas en textos de prestigiadas plumas como Gabriel García Márquez, Vicente Leñero, Jorge Ibargüengoitia y Naguib Mahfouz, entre otros. Recibió el Ariel en 1994 por Principio y Fin, en 1995 por El Callejón de los Milagros y en 2005, durante la 18 Muestra de Cine Mexicano en Guadalajara, le fue otorgado el Mayahuel de Plata por sus 60 años de trayectoria cinematográfica.
Otras cintas producidas por Alfredo Ripstein fueron:
Puños de roca (1960), Una bala es mi testigo (1960), El mundo de los vampiros (1960), El aviador fenómeno (1960), Cucurrucucú paloma (1964), Cinco asesinos esperan (1964), La muerte es puntual (1965), Los recuerdos del porvenir (1968), El crepúsculo de un dios (1968), Fútbol México 70 (1970), Rosario (1970), Pepito y la lámpara maravillosa (1971), Triángulo (1971), Cinco mil dólares de recompensa (1972), Chabelo y Pepito contra los monstruos (1973), Chabelo y Pepito detectives (1973) y Picardía mexicana (1977).
En un reconocimiento que se le ofreció en Guadalajara, en 2003, se presentó el libro del crítico Tomás Pérez Turrent, "Alfredo Ripstein, productor". A la pregunta acerca de la forma tan precaria con la que actualmente se hace cine en México contestó: "De milagro se realiza cine aquí. En mi época se hacían 120 películas y era la segunda entrada de divisas para México. Ahora sólo se hacen 10 ó 12; se debe estimular el cine mexicano porque se está dando a conocer en todas partes".
Durante sus 60 años de creación cinematográfica, Alfredo Ripstein apoyó al cine mexicano y ya es parte de su historia.
Descanse en paz Z ´L